No voy a abrir aun el blog, pero quiero hacer un alto en el camino y voy a contar algo que quiero recordar siempre…
Hace un par de días encontré un libro que me habían regalado hace tiempo y que aun no había leído, lo creía un libro infantil sin más… pero no lo era. Me hizo sentirme genial y pensar en muchas cosas… y sobre todo sentirme como el niño que soy y saber así que no soy mayor, aunque lo hubiera sido. Ese libro era “El Principito”. No os riáis aun…
Son muchas las sensaciones que despertó en mí su lectura de no más de una hora antes de acostarme. Entre todas ellas, la mejor era como el principito, niño curioso, inocente, dedicado y enamorado, hacia sentirse a los demás como los niños que fueron.
Será por eso que me gusta hacer que una chica que me guste se sienta como una adolescente, igual de jovial, igual de curiosa, igual de viva y no como una persona de cuarenta y pico años sumida en la rutina del día a día y que se ha hecho mayor, lo sea o no lo sea. Lo mismo me gusta sentir a mí… y lo he sentido en muchas ocasiones. A veces todos nos sentimos mayores, pero lo que importa es que haya alguien que nos haga sentir esa sensación de juventud cada vez que lo necesitemos.
Hubo un tiempo en que yo era así, me parecía tener más edad de la que tenía, hacía las cosas de forma totalmente rutinaria, incluso fuera del trabajo, porque de la rutina del trabajo no nos libra nadie… aunque bueno, hay formas de que no sea tan rutinario ;) Era llegar a casa, cambiarme, ir a ver a mí por entonces novia, darla un beso, sentarnos un rato y hablar del día, comer algo, bajar al parque, pasear al perro, hacerlo con sus padres en casa… luego de vez en cuando hacíamos algo que nos sacaba de esa rutina, pero cada vez con menos frecuencia porque es una cosa de dos y no de uno. Y era feliz, pero faltaba algo, posiblemente algo que habíamos perdido a lo largo de los años… nos queríamos ambos, llevábamos mucho tiempo juntos, viéndonos casi a diario, eso crea lazos que cuesta romper. Pero nos pasaba que ya no estábamos enamorados, ya no nos sentíamos como adolescentes, ya no teníamos curiosidad el uno por el otro. Para las personas que le damos tanta importancia a eso, al final optamos por el camino difícil.
Simplemente habíamos construido una vida y nos habíamos acostumbrado a ella, tanto a las cosas que nos gustaban como a las que no. Nos habíamos hecho mayores o nuestra relación se había hecho mayor… hubiéramos podido estar así toda la vida seguramente, haber tenido niños y haber sido felices a veces. Y digo a veces porque nuestra relación había acabado pero nos dejábamos llevar por la inercia de la vida que habíamos creado. Voy a hacer un pequeño receso y a citar un fragmento del libro en este punto, impresionante:
El principito arrancó también con un poco de melancolía los últimos brotes de baobabs. Creía que no iba a volver nunca. Pero todos aquellos trabajos le parecieron aquella mañana extremadamente dulces. Y cuando regó por última vez la flor y se dispuso a ponerla al abrigo del globo, descubrió que tenía deseos de llorar.
-Adiós -le dijo a la flor. Esta no respondió.
-Adiós -repitió el principito.
La flor tosió, pero no porque estuviera resfriada.
-He sido una tonta -le dijo al fin la flor-. Perdóname. Procura ser feliz.
Se sorprendió por la ausencia de reproches y quedó desconcertado, con el globo en la mano, no comprendiendo esta tranquila mansedumbre.
-Sí, yo te quiero -le dijo la flor-, ha sido culpa mía que tú no lo sepas; pero eso no tiene importancia. Y tú has sido tan tonto como yo. Trata de ser feliz. . . Y suelta de una vez ese globo; ya no lo quiero.
-Pero el viento...
-No estoy tan resfriada como para... El aire fresco de la noche me hará bien. Soy una flor.
-Y los animales...
-Será necesario que soporte dos o tres orugas, si quiero conocer las mariposas; creo que son muy hermosas. Si no ¿quién vendrá a visitarme? Tú estarás muy lejos. En cuanto a las fieras, no las temo: yo tengo mis garras.
Y le mostraba ingenuamente sus cuatro espinas. Luego añadió:
-Y no prolongues más tu despedida. Puesto que has decidido partir, vete de una vez.
La flor no quería que la viese llorar: era tan orgullosa...
Elegimos seguir el camino complicado… lástima que a ella no le saliera bien y cayera en malas manos…pero es el riesgo que conlleva esa decisión, el hacer caso al corazón es una apuesta arriesgada, da mucho miedo y es difícil engañar a la cabeza para hacerlo… yo sigo hacia un horizonte incierto y emocionante entre todas las estrellas del firmamento, de pequeño planeta en pequeño planeta, algunos vacíos para mi, otros geniales y especiales pero mayores, y otros que están esperando a que los descubra, a que me enamore y la persona que los habita quiera que me quede… será un planeta con una persona que quiera que conquiste su corazón todos los días, que esté enamorada cada día sin darse cuenta, que la vida que construyamos no se haga mayor… y que quiera sentirse siempre joven junto a mi.
No me arrepiento nada del camino que tomé, porque se que lo conseguiré, he visto que es posible conseguir lo que quiero y llegará en un planetita, el que menos me espere.
Leed el libro, aunque ya lo halláis leido, seguro que despierta muchas sensaciones en vosotros. Como dije al principio, esta es una de las sensaciones que despertó este increíble libro en mí, pero hubo muchas otras… quizás lo cuente otro día.
Devil Forever…
miércoles, 23 de abril de 2008
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